Frecuentemente escuchamos hablar sobre inteligencia emocional; algunos dicen: que es muy importante para todos, que permite generar relaciones sanas, que brinda mayores posibilidades de alcanzar el éxito, que es importante para el desempeño laboral, entre otros comentarios. Sin embargo, habría que preguntarse si en nuestra vida cotidiana todos nos consideramos expertos en el control y manejo de nuestras emociones o incluso si con nuestro ejemplo lo transmitimos en nuestro entorno laboral y familiar.

En general no estamos preparados en competencias emocionales, ya que, mientras no exista un continuo entrenamiento y formación, por el momento quedamos como “voluntarios”. Es cierto que no hay especialistas universitarios formados, y aún nos encontramos muy lejos ante la sensibilización sobre la importancia de la inteligencia emocional, sin embargo, cada persona puede aportar en este tema comenzando consigo mismo en su actuar en la vida cotidiana.

“Los profesores deberían tener una sólida formación en inteligencia emocional y, lo que es más importante, deberían poseer habilidades sociales y competencias emocionales, ya que el perfil del profesor que se requiere en estos momentos, es más el de conductor de la clase, el de la persona que sabe motivar y que favorece una buena interrelación entre todos los alumnos y alumnas.”1

Las reformas educativas plantean que el profesorado debe preocuparse de que sus alumnos tengan buen rendimiento en las áreas instrumentales y además posean habilidades sociales: empatía, expresión y comprensión de los sentimientos, independencia, capacidad de adaptación, cordialidad, amabilidad y respeto. Los profesores tienen la responsabilidad, no sólo de enseñar los contenidos temáticos que marca el currículo sino de fungir como modelos de apertura, reflexión, respeto y empatía.

El rol del profesor no es únicamente ser el principal transmisor de conocimientos sino el conductor de un grupo; una persona capaz de sacar lo mejor de cada alumno y transmitirles la motivación que les ayude a resolver asertivamente los conflictos en el aula.

Es de vital importancia, el conocimiento e integración de los procesos de aprendizaje con las emociones, porque estas pueden ser un impulsor de la generación de actividades, pero también un obstáculo si no se manejan adecuadamente. Estar en constante práctica para adquirir habilidades emocionales nos permitirá adquirir mayor sabiduría para transmitirlo a nuestros alumnos.

Referencia: Educación emocional
  1. La educación básica: una propuesta transformadora

 

 

 

 

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