La elección de una profesión es un proceso continuo que debe iniciar a temprana edad, cuando se va conociendo el mundo y, a través de esa interacción, se van desarrollando las habilidades y descubriendo los intereses; de esta forma, cuando la persona llega a la adolescencia podrá contar con cierta intuición respecto a lo que más le gusta y aquellas actividades en las que se desempeña mejor; incluso, si reflexiona sobre su trayectoria académica, sus materias favoritas, las actividades extraescolares de su interés y sus hobbies, encontrará pistas muy útiles para poder definir qué es lo que más le gusta y prefiere.

Cuando no se les acompaña en este proceso desde pequeños o no se les ha enseñado a tomar decisiones por si solos, en el momento que deben tomar esta importante decisión vocacional, los jóvenes se pueden llegar a sentir confundidos, de manera que el proceso puede ser un poco más complicado.

La propuesta de la fundación Bertelsmann se basa en una metodología llamada “Orientación profesional coordinada” que consiste en conjuntar los esfuerzos de todas las personas que se relacionan constantemente con el estudiante, de manera que logren ser activos y autónomos en su proceso de elección vocacional.

Cada persona involucrada, de acuerdo al papel que representa en el proceso de elección de carrera del estudiante, debe comprometerse a cumplir su parte:

  1. Orientadores y/o docentes: Diagnosticar e integrar las actividades de orientación a las materias que imparten, de manera que los estudiantes puedan adquirir los conocimientos de la materia mientras desarrollan competencias ligadas con el entorno laboral; así mismo, ser los guías que acompañen en todo el proceso a los jóvenes.
  2. Directivos escolares: Su posición de liderazgo dentro de la institución permite fortalecer la coordinación y promoción de las actividades de orientación, involucrando a los orientadores, docentes e incluso a las familias, quienes son parte esencial del proceso de toma de decisiones de los estudiantes.
  3. Familia: Su participación permite que la formación y desarrollo de las competencias de los estudiantes sean con base en aquello que el entorno empresarial espera y necesita, con el fin de que los nuevos profesionistas estén preparados para el mercado al que se enfrentarán.
  4. Empresa: “Es el núcleo de pertenencia y de referencia fundamental, es por esta razón que los valores que se gestan en la familia son la base de la orientación y conducción del joven” y será fundamental involucrarlos para que su aportación sea positiva y facilite el proceso de sus hijos.1

Todas estas actividades de orientación profesional y educacional deben llevarse a cabo de manera planificada, programada, coordinada y permanente en las instituciones y fuera de ellas a través de la participación de las familias.

En estas actividades, la retroalimentación y seguimiento por parte de directivos y orientadores será fundamental, para lograr un proceso de superación y crecimiento que lleven a una adecuada toma de decisiones.

Además, es relevante destacar que, una orientación de calidad es capaz de minimizar los efectos del abandono escolar, ayudando así a mejorar la empleabilidad y la permeabilidad entre el sistema educativo y el mundo empresarial. Y tú, ¿estás dispuesto a asumir tu rol para apoyar a los jóvenes?

Referencia:
  1. Orientación vocacional. La estrategia clínica. Rodolfo Bohoslavsky 2002.

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