La 4ª Revolución Industrial implica automatización, uso de tecnología, ahorro de tiempos en procesos repetitivos, desarrollo de estrategias que requieren habilidades humanas que no pueden reemplazar las máquinas. ¿Esto cómo facilitará a la educación? ¿Estás preparando a tus alumnos para destacarse en el mercado laboral al que se enfrentarán, donde será necesario cuenten con capacidad de autogestión, liderazgo y agilidad para adaptarse a los cambios? ¿Te estás preparando tú como docente para diseñar nuevas e innovadoras experiencias de aprendizaje, para modelar y guiar el “pensamiento fuera de la caja”?

Charles Darwin en su teoría de la evolución decía “sobrevive el que se adapta”, no el más fuerte ni el más inteligente, sino sólo aquel que, con rapidez asume los cambios que se presentan en el entorno y crea soluciones alineadas a lo que se necesita en el medio en el que se desenvuelve. Por lo tanto, los profesionistas más valorados en el mercado del futuro serán quienes actúen con liderazgo ante su propio desarrollo, aprendizaje y crecimiento.

Lo anterior, no puede lograrse mientras como docentes, sigamos situándonos en un modelo tradicional de transmisión del conocimiento como dueños absolutos del mismo y ser responsables de sólo exponerlo. En esta Revolución Industrial se requiere centrar el aprendizaje en el alumno, donde éste tiene un papel 100% activo y se asume como responsable de lo que asimila y también de lo que no asimila.

Por otro lado, si seguimos pensando de manera cliché como por ejemplo la típica frase “se enseña con el ejemplo”, sería importante preguntarnos ¿soy un líder digital?, ¿conozco las herramientas disponibles en el mercado tecnológico y me apoyo de ellas para construir experiencias de aprendizaje innovadoras?, ¿las utilizo?, ¿he logrado romper con mis propios paradigmas para pensar “fuera de la caja”? Si las respuestas no son positivas, “enseñar con el ejemplo” es una frase más que repetimos y, nada más.

La generación centennial, la que actualmente está dentro de las aulas, nació con el “chip digital”, aprende en Youtube, usa Snapchat, documenta su vida en Twitter, sube fotos a Instagram y se comunica por WeChat. Todo lo anterior sin ningún entrenamiento previo, lo aprendieron solos, nacieron con ello, pareciera que con tan sólo mirar las aplicaciones ellos mágicamente determinan, en dos clics, cómo funciona. La pregunta entonces sería ¿crees que basta con las técnicas expositivas en el aula para que se interesen por aprender, para que construyan un significado alrededor de los contenidos temáticos que se imparten?

La realidad es que no, no basta. El reto está en prepararlos para un escenario futuro donde los profesionistas que tengan mayor conocimiento y control de sus emociones se adapten al cambio, autogestionen su conocimiento y actividades, tengan un pensamiento crítico, desarrollen soluciones creativas e innovadoras, serán los más valorados en el mercado. Por lo tanto, dentro del aula es necesario utilizar más experiencias creativas que los lleven a utilizar la tecnología de un modo eficaz, efectivo y eficiente. Plantear retos o problemáticas que involucren el uso simultáneo de habilidades cognitivas, contenidos temáticos entrelazados e incorporar a la tecnología.

Ya no basta con que recuerden y memoricen, es indispensable que analicen, evalúen y creen. Es necesario que lleven a la práctica el conocimiento y sean capaces de alinearlo a las necesidades del mundo donde se desenvuelven, para que así encuentren el significado y la importancia del para qué de cada aprendizaje, de tal forma que ellos sean el centro del mismo, mientras nosotros fungimos como guías que les dan la línea para alcanzar cada reto.

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