¿Qué es lo que espera un profesor de sus alumnos? ¿Cuál es el fin último de la enseñanza? ¿Cómo clasifican a los alumnos entre exitosos o no tan exitosos?

Actualmente, en las instituciones escolares, el éxito se mide en función de los exámenes aprobados o las calificaciones obtenidas al final del ciclo escolar, sin embargo, ¿qué es lo que viven nuestros alumnos en el proceso de aprendizaje, y cómo los apoyamos para que sigan motivados en el salón de clases?

Es frecuente escuchar a los alumnos en los pasillos, comentar acerca del esfuerzo y tiempo que han invertido en el estudio de ciertas materias para aprobar los exámenes, realizar alguna tarea y cumplir con todas aquellas actividades que les demanda el colegio para generar un aprendizaje significativo; sin embargo, identificar que un alumno se “esfuerza” en la materia, no garantiza que será exitoso, ni que los alumnos que no se esfuerzan, fracasarán. Rubén Edel, miembro del Sistema Nacional de Investigación del CONACyT, menciona un aspecto importante sobre esfuerzo, éxito y fracaso que viven los alumnos en este proceso:

«En la vida académica, habilidad y esfuerzo no son sinónimos; el esfuerzo no garantiza un éxito, y la habilidad empieza a cobrar mayor importancia, es así que el juego entre habilidad- esfuerzo puede ser riesgoso para los alumnos, ya que, si tienen éxito, decir que se invirtió poco o nada de esfuerzo implica “brillantez”, esto es, se es muy hábil. Cuando se invierte mucho esfuerzo no se ve el verdadero nivel de habilidad, de tal forma que esto no amenaza la estima o valor como estudiante, y en tal caso, el sentimiento de orgullo y la satisfacción son grandes. Sin embargo, cuando la situación es de fracaso, las cosas cambian. Decir que se invirtió gran esfuerzo implica poseer poca habilidad, lo que genera un sentimiento de humillación; dado que una situación de fracaso pone en duda su capacidad, es decir, su autovaloración, algunos estudiantes evitan este riesgo, y para ello, emplean ciertas estrategias como la excusa y manipulación del esfuerzo, con el propósito de desviar la implicación de inhabilidad».1

Es nuestra tarea, poner toda nuestra sensibilidad para observar y comprender el comportamiento de los estudiantes para obtener información natural de cuáles son las capacidades que tienen más desarrolladas de acuerdo a su contexto social, y así identificar sus habilidades e intereses. Una vez que empecemos a observar la diversidad de talentos en el salón de clases, podremos apoyar a los alumnos a llegar al resultado deseado, asignándoles tareas de acuerdo a estas habilidades y motivándoles a seguir en las tareas que les son más difíciles de alcanzar, pero que les permitirán desarrollar otras habilidades importantes en el ámbito escolar, de tal manera que comuniquemos a los estudiantes que el error o intentos fallidos no son más que otra oportunidad.

Como profesores, podemos descubrir y desarrollar las habilidades y ayudar a los alumnos a alcanzar los fines vocacionales y aficiones que se adecúen a sus diversas habilidades. Los alumnos que recibe apoyo en este sentido, se sienten con mayor disposición a servir de manera constructiva a la sociedad. Y tú, ¿Qué alumnos quieres formar?

1 Éxito y fracaso en la escuela del siglo XXI