Una de las decisiones más importantes por tomar, al finalizar el bachillerato es la de elegir una carrera. Considerar a la orientación vocacional como una materia más o un requisito curricular por cubrir, no es opción. ¿Crees suficiente invertir un año o un semestre para hacer una elección que impactará al menos 35 años de tu vida?

La orientación vocacional es un proceso, como cualquier otro, que incluye etapas. El autodescubrimiento de los propios talentos, las preferencias, la identificación de las áreas de mejora, las materias que se disfrutan, las que se odian, las tareas que se entienden con mayor agilidad, los problemas que se resuelven con mayor o menor facilidad. Los estilos de aprendizaje preferidos y, el o los tipos de razonamiento que se utilizan de manera preferida.

Por otro lado, las necesidades actuales del mundo, del entorno de desarrollo e incluso de la comunidad. Las demandas de las organizaciones y el mercado laboral. Las posibilidades socio económicas para acceder a la educación superior y/o las acciones a tomar para ello. Todo lo anterior es, tan sólo, un limitado resumen de lo necesario para tomar una decisión vocacional.

Los adolescentes a quienes pedimos continuamente establecer el rumbo de su futuro están, además, descubriendo su sexualidad, construyendo su identidad, intentando encajar en una sociedad repleta de estereotipos, explorando diversos canales de comunicación, enfrentando temores, persiguiendo sueños, publicando su vida en redes sociales e intentando sobrevivir. ¿Será que con una clase de orientación puedan trazar su rumbo? ¿Estamos seguros que su decisión ha sido planeada, informada y sustentada?   

La labor como padres de familia, docentes, instituciones educativas y organizaciones es titánica; ya que la orientación es un proceso que se construye con el tiempo y donde todos los involucrados participan como guías activos, para ayudar al alumno a descubrir cuál es su verdadera “pasión” y cómo ésta se alinea a las exigencias del mercado laboral.

Para ello, es necesario mirar de cerca a cada alumno e invitarlo a mirarse a sí mismo a diario, conocerlo, respetar su ritmo y forma de trabajo, desarrollar su potencialidad, motivarlo a superarse a sí mismo cada día y proveerle información relevante sobre el medio en que se desenvuelve, generar experiencias reales con expertos en los temas de su interés, invitarlo a interactuar con otras culturas, otros países. Solicitar a las empresas que compartan las experiencias de la operación real y aquellas habilidades que más se valoran en las distintas industrias. Otorgarle una visión global e integrada del mundo para que, sobre ella, logre construir un proyecto que derive en plenitud, el cual sea sustentable y sostenible.

Todos formamos parte del proceso de orientación de los jóvenes, ¿cómo es que quieres ayudarlos?

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